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El grito silencioso

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Escribir es para mí una especie de desahogo, un grito silencioso que llega a la mente del lector sin pasar por sus oídos. Es expresar lo que siento porque no tiene sentido hablar a la pared o a mi perra. En realidad no busco lectores, no deseo compasión, no necesito que el mundo sepa de mis angustias, temores, cruces, miedos, ni tampoco de mis alegrías y esperanzas, escasas y de corta duración.  Me sé de arriba a abajo, de izquierda a derecha todo lo que la fe dice sobre cómo sobrellevar los tiempos de zozobra, de caminar, como dice el salmista, por el valle de sombra de muerte. Pero es un valle que me parece interminable y ya no me quedan apenas fuerzas para escalar esas montañas desde las que casi se puede tocar el cielo con los dedos. También sé que mis cruces y pruebas son la nada comparadas con las que sufren multitud de cristianos en todo el mundo. Pero no por eso dejan de doler, no por ello dejo de sangrar. Si miro atrás veo una vida que cabe calificar cuanto menos d...

Un caparazón para esconderme

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Es seguro que no merezco nada bueno, pero tampoco creo que merezca recibir constantemente un palo tras otro a lo largo de mis 56 años de vida. Quisier tener un caparazón como las tortugas para meterme dentro y no salir más, porque si salgo es cuestión de tiempo que algo o alguien me pisotee la cabeza. -- Soy como un cometa que revive un poco cuando se acerca al sol, pero en cuanto pasa ese breve espacio de tiempo en las proximidades del astro rey, sale disparado hacia el frío absoluto del espacio. Deja de ser visible, deja de mirar al sol. Solo tiene por delante negrura y soledad. -- Darlo casi todo y no recibir casi nada. Necesitar atención y cariño y encontrar soledad. No entender por qué se abre la puerta de la esperanza y se cierra con un portazo cuando la vas a cruzar. No encontrar sentido a tanto sufrir, a tanta lágrima derramada. Sin duda, vuelvo a ser yo. --  

Pobre estúpido

Es horroroso no poder huir de tus pensamientos cuando son clavos en el ataúd de tu alma. Es espantoso caminar por las arenas movedizas de la angustia, del vacío, del ocaso de la esperanza. Cuanto más anhelas, cuanto más necesitas, cuanto más buscas la mano a la que agarrarte, más te hundes hasta el fondo. Es angustioso el darte cuenta de que no puedes fiarte lo más mínimo de tu discernimento, de tu pálpito, de que eres el necio que confunde sus deseos con la voluntad de Dios. Pobre estúpido que no has aprendido a evitar ilusionarte para no desmoronarte estrepitosamente cuando la realidad se impone. Pobre necio que todavía sueñas con lo que no te mereces, con lo que no te corresponde. Niñato iluso, que piensas que el globo que tienes entre sus manos no explotará o no caerá sin remedio al suelo al quedarse sin aire. 

Nadie os pide que comprendáis

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Hola, viejo amigo. Veo que has vuelto. Tengo reservada para ti la más espera niebla, la hojarasca putrefacta más resbaladiza, el ulular del viento más helador, el camino más lúgrube hacia el interior de ti mismo. ¡Bienvenido! El tedio todo lo llena. Y cuanto más lo llena todo, más pesado se hace, más destructor del ánimo, de tal forma que desearías pulsar un interruptor que desconectara tu mente de cualquier pensamiento, de cualquier emoción, porque es mejor no sentir nada que morirse de asco viendo como pasan las horas y los días sin nada que hacer salvo desear y anhelar lo inalcanzable. Lo que debió ser tu fuente de fidelidad se convirtió en infierno, en purgatorio sin fin, en dolor y sufrimiento para el que no había medicina. Años, décadas viviendo el fracaso propio y ajeno. Por eso temes soñar y tener esperanza, porque siempre precede a la cruda e inalterable realidad, a la puta y miserable realidad, a esa furcia que te deja más arrastrado que antes de soñar y esperar. Cuando dejas...

Lo que sabes, lo que sientes

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El corazón en un puño, la angustia que te ahoga, el sufrimiento que lo llena todo. ¿Cuántas veces has estado en esa situación? Son incontables. Y por más que te aferras a Dios, la desesperación no se va. Se queda a tu lado como compañera inseparable de tu camino. Te conoces toda la teoría, todos los versículos de la Escritura y casi todos los consejos de santos y doctores de la Iglesia para afrontar la prueba, la cruz, el sufrimiento. Sabes que todo ayuda para bien a los que son amados por el Señor, a quienes conforme a su propósito son llamados. Sabes que Él es tu pastor aunque andes en valle de sombra de muerte. Sabes que Él llama a los fatigados y agobiados para aliviar su carga. Y sin embargo, sigues sintiendo que la muerte te rodea, no ves salida a tu desesperación y tu alma se postra agotada, sin fuerzas.  Ya no te quejas. Lo asumes. Ya no esperas nada, aunque lo pides. Te dejas ir, como madero arrojado al agua que es llevado por las corrientes de un lado para otro, a la espe...

El alma desnuda

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Tengo el alma desnuda ante ti, Señor. Ves sus miserias, sus heridas, sus llagas y las pocas virtudes con la que tu gracia ha querido adornarla. Conoces mis deseos, mis inquietudes, mis miedos y mis esperanzas. Y sobre todo, conoces que te amo porque tú me has dado ese amor. Amor por otra alma es precisamente el regalo que me has dado hace no mucho. Me maravilla que hayas respondido así a mi necesidad de amar y ser amado. Sabes que veo ante mí muros que parecen infranqueables. No te los tengo que describir porque tú los conoces mucho mejor que yo. Y es por eso que me abandono a tu voluntad, sabiendo que no hay muro que puede resistir una simple mirada tuya. Y sabiendo también que no hay nada que yo pueda hacer si tu voluntad no me lo concede. De siempre he querido servirte. Siendo pequeño pusiste esa semilla en mí, y a pesar de mis muchos pecados, pasados y presentes, sigo siendo aquel niño al que rodeaste de tu amor, aunque las canas pueblan mis cabellos y mi barba, aunque mi cuerpo no...

Ser capaz de amar

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La fe está; la gracia también; pero cuando todo es cruz, el camino se hace a veces insoportable, agotador, intransitable. Y sin embargo, no te queda otra que subir hasta tu calvario. Cuando Dios pone amor entre un hombre y una mujer, se trata de un amor que está lejos de ser ciego, que sabe reconocer las dificultades, que espera confiado la prueba, pero sobre todo y por encima de todo, es un amor que crece en el Señor hasta hacerse indestructible, invulnerable. No esperes amar de verdad si no pones a Dios en medio. Cuando imploras algo al Señor, has de saber que la espera, por muy angustiosa que sea en ocasiones, forma parte de tu crecimiento en la fe. Estoy tan débil que solo sigo en pie y caminando porque el poder de Dios obra en mí, incluso al margen de mí. Sólo así recibe Él toda la gloria. El enemigo de las almas puede asediarme con tentaciones que saca de mis concupiscencias; puede tirarme al suelo, herirme y pisotearme; pero mientras mi corazón sea de carne y ame a Dios, ese ene...