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Conclusión lógica

Estos días he estado dando un paseo por mi memoria repasando las veces en que mi vida dio un cambio importante. Y en todas ellas ocurrió, y sigue ocurriendo, algo realmente peculiar. Cuando dejamos de asistir a Amistad Cristiana, la iglesia evangélica a la que pertenecimos durante 7 años, nadie nos llamó, nadie se preocupó por nosotros. Eso fue antes de que yo emprendiera el camino de retorno a la fe católica. Cuando decidimos dejar Madrid para ir a vivir a Aragón, sólo algunos familiares -más bien pocos- mantuvieron el contacto conmigo. Cuando dejamos Aragón para venir a Andalucía, nadie nos echó de menos allí. Cuando mi esposa y yo estuvimos asistiendo en Chiclana a reuniones de matrimonios para hablar de cosas del Señor, al dejar de ir un par de veces nadie nos llamó ni se interesó por nosotros. Cuando dejé de ir a Stella Maris, un magnífico grupo parroquial en Rota, apenas nadie se ha puesto en contacto conmigo. Y cuando más recientemente he tenido que poner fin a mi relació...

Aurora-9

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Año 2387. Soy piloto de carga en Nuevo Edén, colonia marciana. Marte está terraformado, pero todavía falta mucho hasta que se pueda andar por la superficie sin traje espacial. Llevo un mineral raro, el krytonita-cristal, que solo se extrae en la cuenca roja de Valles Marineris. Mi nave es la Aurora-9, una corbeta vieja pero fiable, sin lujos pero cómoda. El sistema de navegación parpadea justo cuando atravieso la tormenta de polvo más feroz del mes. «Estabilidad comprometida», dice la IA de a bordo, con voz de alarma. «Estabilidad comprometida», repite. Nunca antes he pasado por esta situación. Y entonces, entre las dunas, aparece algo que no debería estar ahí, que nunca antes había estado allí: un monolito negro, liso, perfecto, de casi tres metros de altura. La tormenta lo rodea, como si estuviera protegido por un campo de fuerza. Mis sensores indican que no emite energía ni radiación. Pero sí emite… ¿sonido? Un zumbido bajo que no oigo pero siento. Es como si de repente hubiera ...

A oscuras

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Las cuatro estaciones que habían marcado gran parte de su vida pasaron a convertirse en una sola estación insípida, en la que el único cambio era el tránsito del frío al calor y del calor al frío. Algo así como un electrocardiograma prácticamente plano, paso previo a la muerte. Estaba harto, muy harto de ver cómo se encendían luces de esperanza en su soledad, que en cuanto le hacían albergar ilusión se apagaban y lo dejaban de nuevo a oscuras. Podía acostumbrarse a la oscuridad. No necesitaba la luz, pues no tenía adónde ir y, aunque lo tuviera, no podía caminar. Pero era especialmente cruel constatar que la luz solo pasaba por delante de él para recordarle que, a fin de cuentas, su destino era la oscuridad. Acéptalo, ofrécelo, es por tu bien, le decían. ¿Acaso podía no aceptarlo? ¿Serviría de algo? Y lo de ofrecer, ¿le bastaba con decirlo o de verdad tenía que sentirlo? ¿Y cómo se siente algo que no se siente? Así que decía sin sentir, sabiendo que siempre es mejor forzar la volunt...

Corazón a corazón, alma a alma

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Asombrado por la belleza del amanecer de la gracia. Agradecido por poder contemplar la obra de Dios en nuestras vidas. Expectante por ver como el sol sube hasta alcanzar su lugar. Impaciente por caminar a tu lado por el sendero del Señor. Consciente de que sólo Él dirige la orquesta. Sabedor de que sólo somos instrumentos en sus manos. Extasiado por la bella melodía que resuena en nuestras almas. Temeroso de que el sonido celestial se acalle. Ya no sé qué decir, qué hablar o qué callar. Sólo sé que no paro de rezar guiado por la paloma divina. Sólo temo hacer daño a quien no se lo merece. Pero más temo no hacer lo que Dios nos ha mostrado. Y si hacemos lo que Dios quiere, y si cumplimos su voluntad, los corazones se convertirán y muchas almas se salvarán. 🙏❤‍🔥❤‍🔥🙏 Cor ad cor Alma a alma Fiat voluntas tua 🙏❤‍🔥❤‍🔥🙏

Pasión por las almas

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Tras largos años pidiendo al Señor que me diga cómo puedo servirle, que me muestre su voluntad y, tras mucho tiempo sin que yo creyera que estaba recibiendo una respuesta clara, de repente "se hizo la luz". O quizás cabría decir que por fin entendí lo que Dios me ha estado mostrando desde hace cierto tiempo. Al constatar que yo era más bien obtuso a la hora de discernir su voluntad, ha decidido hablarme claro, como pocas veces antes en mi vida. Y además, ha tenido a bien conceder que alguien haya visto el proceso. En las últimas semanas he recordado hechos que me acontecieron siendo evangélico y que ahora cobran sentido. He recuperado la memoria de las veces en que el Señor nos habló a Lidia, mi esposa, y a mí para tomar decisiones fundamentales. Por ejemplo, la decisión del regreso juntos de la mano a la Iglesia; pero muchas otras, algunas que se quedaron sin cumplir porque Dios se la llevó, y ahora me toca retomarlas. He podido oír un consejo pastoral de alguien que fue fun...

Es casi imposible saber

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Cuando el Señor Jesucristo nos enseñó a orar, marcó un orden claro en el proceso. El padrenuestro no es solo un modelo de oración a repetir, sino un modelo que sirve de base para cualquier otra oración. Veamos: - Se empieza reconociendo y alabando a Dios.  - Se pide que venga su reino y que se cumpla su voluntad. - Se piden cosas para nosotros. Entre ellas el perdón, que también debemos ofrecer a quien nos ha causado daño. En realidad, todas las peticiones que hacemos en el padrenuestro son conformes a la voluntad de Dios. Pero, ¿podemos decir lo mismo en las otras ocasiones en que rezamos? Yo confieso que cuando me pongo delante del Señor a pedirle algo que es muy, muy querido para mí, tengo temor. Temor a que su voluntad sea no concederme lo que le pido. Sé por fe que me dará todo lo que sea bueno para mí y mis seres queridos y no aquello que, aunque yo lo desee, no conviene por la razón que sea y que Él sabe. Pero por más que sepa que Dios quiere lo mejor para mí, qué difícil me...

No le caigo bien a la felicidad

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  Cuando estás pasando por momentos depresivos, a veces intentas buscar en la memoria aquellos tiempos en que fuiste más o menos feliz. Es bien jodido cuando encuentras muy pocos. Por ejemplo, de mi etapa como niño recuerdo momentos puntuales, pero no una temporada larga en la que se pudiera decir que era feliz. La enfermedad de mi madre -incluidos sus problemas psiquiátricos- lo llenaba casi todo. En todo caso, y a diferencia de mis tres hijos, no puedo decir que tuviera una infancia mala. Pero a partir de la muerte de mi padre, todo cambió. Yo tenía entonces 16 años. Estoy a punto de cumplir 56. Es decir, han pasado 40. De todos ellos, 30 han sido un infierno. Y de los otros 10, buenos, lo que se dice buenos, apenas tres. El de mi noviazgo fue el primero. Otro fue mi primer año como cristiano evangélico. Era una novedad radicalmente distinta, y luminosa, de lo que había vivido nunca antes. El año del proceso de regreso a la Iglesia Católica también fue sustancios...