Conclusión lógica
Estos días he estado dando un paseo por mi memoria repasando las veces en que mi vida dio un cambio importante. Y en todas ellas ocurrió, y sigue ocurriendo, algo realmente peculiar. Cuando dejamos de asistir a Amistad Cristiana, la iglesia evangélica a la que pertenecimos durante 7 años, nadie nos llamó, nadie se preocupó por nosotros. Eso fue antes de que yo emprendiera el camino de retorno a la fe católica. Cuando decidimos dejar Madrid para ir a vivir a Aragón, sólo algunos familiares -más bien pocos- mantuvieron el contacto conmigo. Cuando dejamos Aragón para venir a Andalucía, nadie nos echó de menos allí. Cuando mi esposa y yo estuvimos asistiendo en Chiclana a reuniones de matrimonios para hablar de cosas del Señor, al dejar de ir un par de veces nadie nos llamó ni se interesó por nosotros. Cuando dejé de ir a Stella Maris, un magnífico grupo parroquial en Rota, apenas nadie se ha puesto en contacto conmigo. Y cuando más recientemente he tenido que poner fin a mi relació...