Conclusión lógica

Estos días he estado dando un paseo por mi memoria repasando las veces en que mi vida dio un cambio importante. Y en todas ellas ocurrió, y sigue ocurriendo, algo realmente peculiar.

Cuando dejamos de asistir a Amistad Cristiana, la iglesia evangélica a la que pertenecimos durante 7 años, nadie nos llamó, nadie se preocupó por nosotros. Eso fue antes de que yo emprendiera el camino de retorno a la fe católica.

Cuando decidimos dejar Madrid para ir a vivir a Aragón, sólo algunos familiares -más bien pocos- mantuvieron el contacto conmigo.

Cuando dejamos Aragón para venir a Andalucía, nadie nos echó de menos allí. Cuando mi esposa y yo estuvimos asistiendo en Chiclana a reuniones de matrimonios para hablar de cosas del Señor, al dejar de ir un par de veces nadie nos llamó ni se interesó por nosotros.

Cuando dejé de ir a Stella Maris, un magnífico grupo parroquial en Rota, apenas nadie se ha puesto en contacto conmigo.

Y cuando más recientemente he tenido que poner fin a mi relación con una mujer de allende los mares, ante la imposibilidad de que la cosa acabara en matrimonio, - algo de lo que he tomado cumplida nota para evitarme la estupidez de volver a enamorarme de otra mujer-, ella ha desaparecido por completo de mi vida sin yo buscarlo o quererlo.

En TODAS esas ocasiones intenté y he intentado mantener cierta relación con lo que iba dejando atrás. De nada ha servido.

La conclusión lógica es que no resulto un tipo especialmente interesante. Algo que siempre he sospechado pero ahora lo confirmo. Una cosa es que muchos se hayan interesado en lo que he hecho y otra que yo interese.

Doy por sentado que va a ocurrir lo mismo cuando me vaya de Infocatólica. El teléfono va a dejar de sonar, el WhatsApp se va a silenciar. De hecho, ya me estoy adelantando a esa circunstancia cambiando de número de teléfono. Pero daría lo mismo si no lo hiciera.

Cuento con los dedos de una mano las personas de las que aparte de mis hijos, estoy seguro que mantendrán siempre el contacto conmigo,salvo que pase algo que no lo haga posible.

Pero además,tengo muy claro que no puedo "abusar" de esas personas. Tienen su vida, su familia, sus amistades; y yo ya no paso de ser otra cosa que un señor que vive encerrado en su casa a la espera de que llegue el momento en que se pueda ir a una residencia. Toda mi vida "real" transcurre en la red, lo cual no deja de ser una paradoja.

Por supuesto, siempre están los "amigos de Job" que aparecen de vez en cuando a contarme lo que ya sé. Lo de la cruz, lo de ofrecer, lo de esto y lo otro. Vale, perfecto. Se lo agradezco de corazón porque lo hacen de corazón. Pero, insisto, me sé esa lección. De memoria y de "carne".

Sigue siendo cierto que esencialmente estoy solo, que quien iba a vivir conmigo hasta la vejez se fue y que eso no va a cambiar. Pero como yo, muchos otros. Así es la vida.

LF

Comentarios

Entradas populares de este blog

Corazón a corazón, alma a alma

Pasión por las almas