El alma desnuda

Tengo el alma desnuda ante ti, Señor. Ves sus miserias, sus heridas, sus llagas y las pocas virtudes con la que tu gracia ha querido adornarla. Conoces mis deseos, mis inquietudes, mis miedos y mis esperanzas. Y sobre todo, conoces que te amo porque tú me has dado ese amor.

Amor por otra alma es precisamente el regalo que me has dado hace no mucho. Me maravilla que hayas respondido así a mi necesidad de amar y ser amado. Sabes que veo ante mí muros que parecen infranqueables. No te los tengo que describir porque tú los conoces mucho mejor que yo. Y es por eso que me abandono a tu voluntad, sabiendo que no hay muro que puede resistir una simple mirada tuya. Y sabiendo también que no hay nada que yo pueda hacer si tu voluntad no me lo concede.

De siempre he querido servirte. Siendo pequeño pusiste esa semilla en mí, y a pesar de mis muchos pecados, pasados y presentes, sigo siendo aquel niño al que rodeaste de tu amor, aunque las canas pueblan mis cabellos y mi barba, aunque mi cuerpo no es ni sombra de lo que fue en mis años de juventud. Mas el corazón sigue vivo y ama. Te ama y la ama porque tú así lo has dispuesto. Y porque ama, sufre cuando  ella sufre y se alegra cuando ella se alegra. Y porque ama, quiere cuidarla, aunque sé que no hay mejor cuidado que el tuyo.

No sé qué tienes preparado para mí en el futuro inmediato, si es que tengo otro futuro que no sea ir a tu presencia. Pero si me concedieras la gracia de servirte junto a ella y que ella quisiera servirte junto a mí, me harías sin duda uno de los más felices entre tus hijos. No puedo ni imaginarme cómo puedes hacer tal cosa, pero tu voluntad es soberana y se cumplirá en nuestras vidas. Dame la gracia para aceptarla si no es de mi agrado o para corresponder con inmensa gratitud si tu regalo es sellado con esa unión que el hombre no puede separar.

Fiat voluntas tua

Comentarios

Entradas populares de este blog

Treintena a San José

Conclusión lógica

Pasión por las almas