Ser capaz de amar
La fe está; la gracia también; pero cuando todo es cruz, el camino se hace a veces insoportable, agotador, intransitable. Y sin embargo, no te queda otra que subir hasta tu calvario.
Cuando Dios pone amor entre un hombre y una mujer, se trata de un amor que está lejos de ser ciego, que sabe reconocer las dificultades, que espera confiado la prueba, pero sobre todo y por encima de todo, es un amor que crece en el Señor hasta hacerse indestructible, invulnerable. No esperes amar de verdad si no pones a Dios en medio.
Cuando imploras algo al Señor, has de saber que la espera, por muy angustiosa que sea en ocasiones, forma parte de tu crecimiento en la fe.
Estoy tan débil que solo sigo en pie y caminando porque el poder de Dios obra en mí, incluso al margen de mí. Sólo así recibe Él toda la gloria.
El enemigo de las almas puede asediarme con tentaciones que saca de mis concupiscencias; puede tirarme al suelo, herirme y pisotearme; pero mientras mi corazón sea de carne y ame a Dios, ese enemigo no tendrá ningún poder real sobre mí, pues en Cristo está la victoria. Y si eso vale para mí, vale también para ti, porque yo no soy mejor que tú.
El mayor regalo que me ha dado Dios en esta etapa de mi vida es mostrarme que todavía soy capaz de amar, que mi corazón no es una pasa vieja y arrugada; y que además anhela ser amado.
He visto la Iglesia tan asediada por pastores inicuos que he comprendido por qué el Señor lloró al ver la Jerusalén que le iba a encumbrar como Rey justo antes de rechazarle.
Hágase tu voluntad, dijo la Madre antes de ser Madre. Hágase tu voluntad, dijo el Salvador antes de salvarnos en la cruz. Hágase tu voluntad debo decir antes de ser santo como Dios quiere que sea santo.

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