A veces
A veces te sorprende comprobar cuánto puede cambiar todo en muy poco tiempo. Hay semanas que comienzan con días sombríos y, sin saber muy bien cómo ni por qué, dan paso a jornadas luminosas, seguidas casi de inmediato por otras en las que el sol parece eclipsado por esa acedia que tanto te acosa. No te apetece vivir en esa montaña rusa de estados de ánimo, pero ¿acaso puedes evitarlo? Al fin y al cabo, te enfrentas a una realidad que te acompaña desde que eras un niño que dormía solo y no tenía con quién jugar cada día, porque tus padres no pudieron tener más hijos. Fueron demasiados los diálogos contigo mismo, demasiadas las veces que experimentaste la esperanza y el temor sin que nadie lo supiera ni lo sospechara, como para que ahora te extrañe no poder detener tu mente cuando se precipita por los raíles de la soledad. Y, sin embargo, hay luces que ocupan el lugar de las tinieblas cuando más miedo tienes de quedarte a oscuras para siempre. De niño te acompañaron los libros, la radio ...