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Pobre estúpido

Es horroroso no poder huir de tus pensamientos cuando son clavos en el ataúd de tu alma. Es espantoso caminar por las arenas movedizas de la angustia, del vacío, del ocaso de la esperanza. Cuanto más anhelas, cuanto más necesitas, cuanto más buscas la mano a la que agarrarte, más te hundes hasta el fondo. Es angustioso el darte cuenta de que no puedes fiarte lo más mínimo de tu discernimento, de tu pálpito, de que eres el necio que confunde sus deseos con la voluntad de Dios. Pobre estúpido que no has aprendido a evitar ilusionarte para no desmoronarte estrepitosamente cuando la realidad se impone. Pobre necio que todavía sueñas con lo que no te mereces, con lo que no te corresponde. Niñato iluso, que piensas que el globo que tienes entre sus manos no explotará o no caerá sin remedio al suelo al quedarse sin aire. 

Nadie os pide que comprendáis

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Hola, viejo amigo. Veo que has vuelto. Tengo reservada para ti la más espera niebla, la hojarasca putrefacta más resbaladiza, el ulular del viento más helador, el camino más lúgrube hacia el interior de ti mismo. ¡Bienvenido! El tedio todo lo llena. Y cuanto más lo llena todo, más pesado se hace, más destructor del ánimo, de tal forma que desearías pulsar un interruptor que desconectara tu mente de cualquier pensamiento, de cualquier emoción, porque es mejor no sentir nada que morirse de asco viendo como pasan las horas y los días sin nada que hacer salvo desear y anhelar lo inalcanzable. Lo que debió ser tu fuente de fidelidad se convirtió en infierno, en purgatorio sin fin, en dolor y sufrimiento para el que no había medicina. Años, décadas viviendo el fracaso propio y ajeno. Por eso temes soñar y tener esperanza, porque siempre precede a la cruda e inalterable realidad, a la puta y miserable realidad, a esa furcia que te deja más arrastrado que antes de soñar y esperar. Cuando dejas...

Lo que sabes, lo que sientes

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El corazón en un puño, la angustia que te ahoga, el sufrimiento que lo llena todo. ¿Cuántas veces has estado en esa situación? Son incontables. Y por más que te aferras a Dios, la desesperación no se va. Se queda a tu lado como compañera inseparable de tu camino. Te conoces toda la teoría, todos los versículos de la Escritura y casi todos los consejos de santos y doctores de la Iglesia para afrontar la prueba, la cruz, el sufrimiento. Sabes que todo ayuda para bien a los que son amados por el Señor, a quienes conforme a su propósito son llamados. Sabes que Él es tu pastor aunque andes en valle de sombra de muerte. Sabes que Él llama a los fatigados y agobiados para aliviar su carga. Y sin embargo, sigues sintiendo que la muerte te rodea, no ves salida a tu desesperación y tu alma se postra agotada, sin fuerzas.  Ya no te quejas. Lo asumes. Ya no esperas nada, aunque lo pides. Te dejas ir, como madero arrojado al agua que es llevado por las corrientes de un lado para otro, a la espe...

El alma desnuda

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Tengo el alma desnuda ante ti, Señor. Ves sus miserias, sus heridas, sus llagas y las pocas virtudes con la que tu gracia ha querido adornarla. Conoces mis deseos, mis inquietudes, mis miedos y mis esperanzas. Y sobre todo, conoces que te amo porque tú me has dado ese amor. Amor por otra alma es precisamente el regalo que me has dado hace no mucho. Me maravilla que hayas respondido así a mi necesidad de amar y ser amado. Sabes que veo ante mí muros que parecen infranqueables. No te los tengo que describir porque tú los conoces mucho mejor que yo. Y es por eso que me abandono a tu voluntad, sabiendo que no hay muro que puede resistir una simple mirada tuya. Y sabiendo también que no hay nada que yo pueda hacer si tu voluntad no me lo concede. De siempre he querido servirte. Siendo pequeño pusiste esa semilla en mí, y a pesar de mis muchos pecados, pasados y presentes, sigo siendo aquel niño al que rodeaste de tu amor, aunque las canas pueblan mis cabellos y mi barba, aunque mi cuerpo no...

Ser capaz de amar

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La fe está; la gracia también; pero cuando todo es cruz, el camino se hace a veces insoportable, agotador, intransitable. Y sin embargo, no te queda otra que subir hasta tu calvario. Cuando Dios pone amor entre un hombre y una mujer, se trata de un amor que está lejos de ser ciego, que sabe reconocer las dificultades, que espera confiado la prueba, pero sobre todo y por encima de todo, es un amor que crece en el Señor hasta hacerse indestructible, invulnerable. No esperes amar de verdad si no pones a Dios en medio. Cuando imploras algo al Señor, has de saber que la espera, por muy angustiosa que sea en ocasiones, forma parte de tu crecimiento en la fe. Estoy tan débil que solo sigo en pie y caminando porque el poder de Dios obra en mí, incluso al margen de mí. Sólo así recibe Él toda la gloria. El enemigo de las almas puede asediarme con tentaciones que saca de mis concupiscencias; puede tirarme al suelo, herirme y pisotearme; pero mientras mi corazón sea de carne y ame a Dios, ese ene...

Lo que queda de aquel niño

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Dicen que hay una santa indiferencia pero hace tiempo que lo único que me resulta indiferente es mi muerte. Vivir para sufrir solo tiene sentido si ofreces tu sufrimiento en expiación penitencial por tus pecados y por los demás.  De los muchos errores que he cometido en mi vida, los dos mayores son haber permitido que me cargaran culpas que no eran mías y no haber protegido a mis hijos como era necesario.  La madurez y la poca sabiduría que tengo me llegaron demasiado tarde, pero peor sería que no me hubieran llegado.  Siendo niño me preguntaba cómo sería de mayor. Siendo mayor me pregunto qué queda de aquel niño. Y queda mucho, lo esencial.  Mi padre me hacía sentirme seguro, protegido, guiado. Su ausencia me dejó indefenso ante la vida, ante mis propias carencias.  Echo de menos aquella niña de la que me quedé prendado con diez años mientras jugábamos en la playa. Aún recuerdo el dolor que me produjo cuando acabó aquel verano. Quiera Dios que haya podido ser f...

Se te acaban las palabras

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Se te acaban las palabras, se desvanecen los sueños, se te escapa entre las manos un tesoro que creías tuyo y te diriges hacia el agujero negro del que no sale la luz de la esperanza, en el que tu pasado y tu futuro ahogan tu presente. Te resistes a aceptar que tu tiempo ya pasó, que diste lo poco o mucho que se te concedió dar y que no tiene sentido anhelar una felicidad que apenas apareció por tu vida. Eres banco en el que ya nadie se sienta. Atrapado en un cuerpo enfermo, consciente de que vives rodeado de un gran engaño en el que la verdad ha sido prostituida y sin energía para salir a combatir allá donde otrora libraste grandes batallas. Aún vives porque amas, ya que sin ese amor otoñal habrías muerto del todo, pero intuyes que el invierno se acerca para no dar paso a la primavera. Si eres ave Fénix, tu resurgir está siendo demasiado fugaz. Pronto volverás a ser cenizas. Por más que te adornes contando lo que pudo ser y no fue, sabes que ni siquiera tienes mucho que echar de menos...