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Treintena a San José

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  ¡Amado San José! Desde nuestra pequeñez y dolor y ansiedad, te contemplamos con emoción y alegría en el cielo, donde resides con los Bienaventurados, pero también como padre de los huérfanos en la tierra, alegría de los tristes, amparo de los desvalidos, gozo y amor de tus devotos ante el trono de Dios. Por eso nosotros, pobres, desvalidos, frágiles y necesitados, te dirigimos hoy y siempre nuestras tristezas y alegrías, nuestros ruegos y súplicas, nuestros arrepentimientos y nuestras esperanzas; y hoy especialmente traemos ante tu imagen un sufrimiento que consolar, un mal que remediar, una desgracia que impedir, una necesidad que resolver, una gracia que obtener para nosotros y para nuestros seres queridos. Y para animarte aún más a oírnos y obtenérnoslo, te lo pediremos durante estos treinta días, urgente y confiadamente, recordando los hitos que en tu vida marcaron tu fidelidad a toda prueba, y que son los motivos que tenemos para esperar que no demores en responder a nue...

Quiso Dios

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Quiso Dios apiadarse de mí Quiso Dios escuchar mi oración Quiso Dios aplacar mi dolor Quiso Dios que volviera a vivir ¿Cómo puedo darte gracias, mi Señor? ¿Dónde derramaré mi corazón agradecido? ¿Cómo puedo responder a semejante don? ¿Dónde proclamaré: Cristo en mí ha vencido? Dios mío y Rey mío, mi vida es tu posesión. Haz de mí un siervo fiel. 

Alma gemela

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Te rogué que me concedieras, Señor, encontrar a quien te ama, para quedarme prendado de su alma. Y tal prenda espero de tus brazos, para vestir de amor mi pobre y cansado corazón que anhela servirte.  Alma gemela que bebe de la fuente viva del amor por Cristo, déjame estar a tu lado cuando sacies tu sed de santidad.  Tú haces Señor que al cargar la cruz que me envías para santificarme, me acompañe el suave aroma de la presencia de tu madre y el incienso de las oraciones de tus santos. Me pruebas, Dios mío, haciendo que te pida cosas que creo imposible que me concedas. Y tan frágil es mi fe que las pido por obediencia y no por convencimiento. Fortalece mi fe, te lo ruego. Saboreo el cielo cuando te rezo. Huelo el perfume de las flores de tu Paraíso cuando te adoro en mi aposento. Escucho la alabanza celestial cuando me postro ante ti en la Hostia.

Sigue soplando las velas de mi alma

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Espíritu divino, sigue soplando las velas de mi alma para navegar por el océano de Cristo hacia el encuentro infinito con el Padre. No permitas que encalle en los acantilados de mis pecados.  En mi debilidad te haces fuerte. En mi aridez te haces vergel exuberante. En mi sequedad haces brotar agua salutífera. Arrancas de mí oraciones que no sabría rezar. Haces brotar de mi espíritu alabanza y adoración que anticipan el cielo. Me regalas el arrepentimiento que limpiará mi alma. Sólo en ti descanso. Sólo en ti hayo paz. Sólo en ti soy el que estoy llamado a ser. Sólo de ti el consuelo. Sólo por ti el amor. Espíritu Santo, sé el viento que despeja la niebla de mis temores, mi soledad y mi angustia. Quédate para siempre conmigo y dame la vida en el Padre y el Hijo.

El halcón que quiso ser gorrión

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Muchos solo leen de mí el título, la portada y la contraportada. Muy pocos se adentran en mis páginas. Casi nadie me lee entero. Todos somos mucho más de lo que aparentamos. No necesariamente mejor o peor, pero siempre más. Y en ese más que no mostramos, en ese más que los otros no ven, suele estar nuestra verdadera esencia. Me consuela saber que de vez en cuando recibo el regalo de contemplar la belleza de su alma y soy libre para abrirle la puerta de la mía. Muy pocos han mirado ahí dentro. Cuando dejé de amarte aprendí a amarte de nuevo. Y te amé más que nunca. Donde solo leen de ti la prosa yo encuentro tu poesía. Donde solo saben de ti la letra yo escucho tu melodía. Déjame leerte, déjame cantarte.  Soy como aquel halcón envejecido que quiso ser joven gorrión para poder posarse en la mano de su amada.

Joven pajarillo

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El silencio del alma inquieta e ilusionada es preludio de sinfonía desbordante. El primer amor es como el joven pajarillo que no se atreve a dar el primer vuelo... Y cuando finalmente vuela, no quiere posarse de nuevo en tierra. Anhelaba el día en que pudiera escribir sobre cómo su ilusión de improbable cumplimiento se convertía en una feliz realidad. Se dio cuenta de que soñar el amor no era amar de verdad, pero no quiso dejar de soñar.

Ave nocturna que detesta la noche

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Él es como un perrito callejero viejo que se quedó sin dueño. Sabe que las miradas de compasión que ocasionalmente recibe no amortiguan ni su pena ni su soledad. Él es como un chiquillo enamoradizo, pero sin inocencia que perder y sin esperanza de encontrar ojos cómplices que sepan ver en lo profundo de su corazón. Él es ave nocturna que detesta la noche, arquero sin flechas, galán sin dama, bufón sin corte, juglar que perdió la voz. Él es el invitado a la boda que nadie conoce, es al que todos saludan pero a nadie le importa, es el que su ausencia no resta, es aquel por quien por ninguno pregunta. Él es quien quiso ser y no fue, quien lo que es no quiere ser pero ya no sabe dejar de ser. Él ya no es él porque no hay un tú que le llame por su nombre.