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Recuerdos sueltos

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No se te olvida esa camioneta que te llevaba desde el barrio de la Alhóndiga en Getafe hasta la Glorieta de Embajadores en Madrid. No se te olvida ese recorrido por la carretera de Toledo, cuando Orcasitas te anunciaba la Plaza Elíptica y te removías inquieto en el asiento porque te quedaba poco para llegar. Y ya en la glorieta, entrabas enseguida en el Metro, línea 3, camino de la estación de Lista, línea 4, donde vivían tus abuelos maternos o de la estación de Estrecho, línea 1, donde vivían los padres de tu padre. Y sí, recuerdas que tú de mayor querías ser conductor de Metro. Eras feliz cuando podías montarte en el primer vagón, delante del todo, y por un ojo de buey contemplabas como os adentrabais en el túnel, cómo os acercabais a los semáforos en rojo que casi siempre se ponían en verde antes de llegar y cómo la luz de la estación próxima aparecía tras una curva. Siempre te preguntabas cómo podía el conductor lograr que los vagones se detuvieran en el lugar exacto. Y luego estab...

Si ha de ser, será

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Abatido pero expectante. Temeroso de que si sale el sol, tus ojos envejecidos no puedan guiar tus pasos. Sabiendo lo que debes hacer, pero sin constancia para llevarlo a cabo. Alegre por fuera, lleno por dentro de miedo a que se eternice tu tristeza. No añoras lo que no volverá, pero con pavor de no tener nada más que añorar en tu vejez.  Y sin embargo, todavía puedes dar, puedes servir, puedes enseñar, puedes disfrutar, te puedes entregar y puedes recibir. Puedes amar y ser amado. Si ha de aparecer, aparecerá. Si ha de ser, será. Y si no, en los brazos de tu Creador reposarás.

La niebla

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Es sorprendente lo fácil que pasas de una ilusión con poca base real a la acedia que prologa la depresión. Te das un homenaje de libertad para descubrir que estás solo y sin visos de que eso vaya a cambiar. Y para colmo, detestas esa tendencia, tan propia de ti, a regodearte en unos lamentos que nadie escucha. Te gustaría ser nadie para todos y todo para alguien, pero ¿dónde está ese alguien? Quien lo fue ya partió y no volverá. Y el tiempo no perdona. Es como niebla que desciende, te oculta, cala en tus huesos y te paraliza.  De todo lo que pides a Aquel que es amo y señor de tu alma, sólo algo es verdaderamente necesario. Y lo sabes. Mas todo sigues pidiendo porque no quieres apagarte del todo. 

La calle del mercado (1)

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No jugabas en tu calle, siempre llena de coches y camiones que no dejaban hueco para pelotear un rato. Tu portal no era punto de encuentro, salvo alguna vez ocasional en la que apostabas y traficabas en el mismo con cromos de futbolistas, al principio de cada temporada. El hijo del pollero te engañaba en el juego, pero te daba igual. Te valía con pasar el rato. Además, él no era de tu gente, no era de tu pandilla, la de Amando, tu primo, Perico, Alberto, César, Nacho. Desde allí partías todas las mañanas entre semana en dirección al colegio. Algo más de quince minutos de paseo hacia una rutina empañada por tu falta de diligencia en los estudios. Cuántas veces fuiste sin tener todos los deberes hechos. Cuántas temiendo que don Cirilo te sacara a dar la lección. Y cuando te la sabías, el muy bribón no te sacaba. De esa calle saliste cuando escapaste de casa porque tus padres habían decidido dar a Laika, la perra de la que te encariñaste. Enfilaste para arriba, al llegar a la esquina torc...

Invierno del alma

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Invierno del alma, donde el ánimo se congela. Angustia por un futuro incierto en el que la primavera parece una utopía. Buscas un fuego para calentar tu corazón y no encuentras ni cenizas de fuegos pasados. Los recuerdos son heridas abiertas que no cicatrizan. El dolor que sufriste hace tiempo sería bálsamo para tu presente.  Mas no te pares, sino camina. Mas no desesperes, sino cree. Mas no llores por lo que no va a volver, sino aprende a valorar tu presente. Contempla la belleza de la nieve. Disfruta del árbol conquistado por los copos. No te pierdas esa aurora celeste que da testimonio de lo oculto del sol. No eres oso que duerma por meses. No eres salmón que muera tras remontar el río. Eres hijo de Aquél que da vida, que restaura las cosas, que convierte el futuro en un reino de ensueño. Alza tu mirada y vive.

Si tú supieras...

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Si tú supieras, pequeña, lo que me veo obligado a callar. Si tú supieras, princesa, lo que mi corazón clama en silencio. Si tú supieras, chiquilla, lo que me cuesta ocultarme al hablar. Si tu supieras, mi reina, lo que anhelo adelantar nuestro tiempo.  Bella la esperanza que otea certeza. Bella la duda que abandona la batalla. Bella la alegría que sucede a la tristeza. Bella mi alma cuando ya libre te llama. Soñar despierto te lleva a donde tú quieres. Deja volar el deseo. Regresa a donde fuiste feliz. Construye el reino futuro donde servir el Eterno. Levántate y anda. Goza del regalo que se te ha dado.

Has de callar

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Extraño vértigo que no te marea. Peculiar terremoto que no te derriba. Sorprendente tormenta que te mantiene a flote. Has de callar y aprender a esperar. Has de anhelar pero nunca allanar. Has de sufrir mientras llega su tiempo. Has de temblar mientras guardas silencio. Sueñas despierto con el primer encuentro. Más mueres que vives hasta el primer beso. No fuerces la puerta, no abras su cielo. No andes de más, confía sereno.