La niebla
Es sorprendente lo fácil que pasas de una ilusión con poca base real a la acedia que prologa la depresión. Te das un homenaje de libertad para descubrir que estás solo y sin visos de que eso vaya a cambiar. Y para colmo, detestas esa tendencia, tan propia de ti, a regodearte en unos lamentos que nadie escucha.
Te gustaría ser nadie para todos y todo para alguien, pero ¿dónde está ese alguien? Quien lo fue ya partió y no volverá. Y el tiempo no perdona. Es como niebla que desciende, te oculta, cala en tus huesos y te paraliza.
De todo lo que pides a Aquel que es amo y señor de tu alma, sólo algo es verdaderamente necesario. Y lo sabes. Mas todo sigues pidiendo porque no quieres apagarte del todo.

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