Ya hiede
Cuando algo muere, no cambia inmediatamente de aspecto. Durante cierto
tiempo se mantiene igual por fuera aunque ya empieza por dentro la
descomposición. Según pasan las horas, la muerte empieza a mostrar su verdadero
rostro. Lo externo se deteriora y finalmente aparece el mal olor, el moho o los
gusanos. Hay quien incluso entonces es capaz de comerse esa basura.
La apostasía está hoy ya claramente agusanada. Apesta. Pero es solo la
fase final. Tuvo un comienzo, donde la fe fue aniquilada. Luego la liturgia.
Por último la moral. Muchos se asombran del mal olor que llena todo el aire espiritual
que respiramos porque se negaban a ver y aceptar que el cuerpo estaba muerto. Muchos
pretenden que el muerto está todavía vivo.
Sí, las puertas del Hades no prevalecerán, pero hay que huir del Hades,
de Satanás y sus ministros, esos que se disfrazan como ministros de justicia,
esos falsos apóstoles que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Escuchemos la
voz del Señor, no de los anticristos que pisotean la gracia de Dios, la sangre
derramada por Jesucristo en la cruz, llegando incluso a bendecir de forma blasfema el pecado en
nombre del Áltísimo. Seamos miembros de la Iglesia de Cristo, no de la sinagoga de
Satanás.

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