Pienso, luego escribo
Te paras a contemplar tu presente desértico y presientes
que no queda oasis alguno antes de llegar a la orilla del océano de la
eternidad.
No estás solo, pero sólo te acompañan los recuerdos.
Sabes cuál ha sido tu gran error, pero no existe máquina del tiempo que te permita evitarlo.
La cruz, el sufrimiento y la prueba son tus compañeros inseparables de viaje.
Desprecias tanto el pecado que no acabas de entender por qué todavía lo cometes.
La esperanza es esa novia cuya mirada enciende tu corazón. Sus besos y sus abrazos te dan la vida.
No es la primera vez ni la segunda que estás en tierra de nadie, pero ahora no hay un Jordán que atravesar, ni una Comarca a la que regresar ni un mundo mágico esperando dentro del armario.
Lo mejor de hablar a Dios es que sabes que te escucha.
Reconocer lo malo que hay en ti y detestarlo, es el primer e imprescindible paso para librarte de ello.
El que va de víctima toda su vida hace que todos los que le rodean sean víctimas de su necio victimismo.
Hay quienes viven la mar de cómodos sin cortar el cordón umbilical que les permite no tener responsabilidad alguna.
No conozco ningún polluelo que quiera quedarse para siempre en el nido una vez que aprende a volar.
Es cruel hacer a los demás responsables de tus maldades. Es cruel aprovecharte de la bondad de quien te quiere para convertirle en esclavo de tus miserias.
No hay verano que derrita el hielo de la soledad del alma que se quedó huérfana del amor que era para toda la vida.

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