Vieja amiga

Hola, vieja amiga. Te fuiste apenas unos meses pero vuelves para quedarte y, quizás, ya no partir más. Tú siempre tan directa, mostrándome la realidad tal cual es, sin adornos, con tu sonrisa sarcástica. Quise soñar y me despertaste bruscamente para recordarme que los sueños, sueños son y que la vida, esa perra que me muerde con saña cada vez que intento levantar la cabeza, no va a cambiar por mucho que lo desee.

En tu regreso me has traído el regalo de un empeoramiento de antiguas afecciones. No te basta con que viva el día entero acompañado de un pitido insidioso y molesto. Tocaba volver a joderme un poco más la vista. Tocaba aniquilar las pocas fuerzas que me quedaban para no tener que depender de un andador primero y una silla de ruedas después. Tú siempre tan detallista.

Vieja amiga, algún día no muy lejano seré yo quien parta para no volver jamás. Tendrás que buscarte otro incauto a quien atrapar en tus redes. Sabrás encontrarlo. Tú eres experta en ello.

Sólo te pido un favor. No dejes que crea ni un momento más que puedo librarme de ti. Me has arrancado todo y no me hace bien caer en la falsa ilusión de que podré recuperar algo. 

Disfruta, vieja amiga. Ya me tienes donde querías. Contempla la obra de tus manos mientras yo, ya sin fuerzas y sin ilusiones, espero que los tiempos se acorten para cruzar la línea que ya no tiene retorno.

Luis Fernando 

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