Dos almas
Eran dos almas perdidas,
que dejaban pasar el tiempo hasta que les llegara el momento de partir
allá donde ya no hay tiempo y todo es un eterno presente.
Eran dos almas abatidas,
que apenas recordaban lo que era ser queridas, que creían cerrada la puerta del
amor que llena de vida la vida, el amor que contagia de esperanza y alegría
todo aquello que toca.
Eran dos almas heridas por
la vida, sin compañía que endulzara sus momentos amargos, sin unos ojos a los
que mirar para hayar el descanso, la paz y la alegría de saberse amadas.
Y Aquel de quien brota el
amor las amó.
Y Aquel que unge toda herida las unió.
Y Aquel que ilumina la noche las llamó.
Llamadas a amarse por
siempre para servir a su Dios.
Eran dos almas perdidas y
el Señor las salvó por su amor.

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