Lobo sin manada
Y su alma, tullida y cansada, deseó tener ojos para llorar.
Vio la esperanza volar lejos de su alcance, allá donde ni siquiera podía llegar con sus sueños.
Atrapado en la prisión de sus penas, temía que cualquier alegría fuera preludio de nuevas desgracias.
Nadie, salvo el que todo lo sabe, pudo comprender la magnitud de su soledad.
Deseó perderse en aquel monte de verde hierba que la niebla conquistaba.
Se convirtió en aullido lastimero de lobo que no tiene manada que lo escuche.

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