Cuando el tiempo se paraba



La vida eran esas horas en las que estábamos juntos, cuando el tiempo se paraba. El resto era disfrutar del sabor que me dejaban tus besos y soñar con el próximo encuentro.

El amor nos hizo prisioneros el uno del otro. Dulce prisión de la que no queríamos escapar. Bendita esclavitud que nos ataba de por vida.

Tu mirada fue el sol que aniquiló las tinieblas de mi temor a no ser amado. Mi insistencia en atraparte obtuvo el trofeo de tu alma entregada.

Quiso Dios que nos quisiéramos y nos quisimos hasta que Dios quiso. Tres almas preciosas son el fruto de tanto querer.

El tiempo de tu ausencia es un tormento, pero solo es eso: tiempo. No borra lo vivido y no impide que se acerque el momento del reencuentro, para así adorar juntos de nuevo y por siempre al Eterno.

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