Dolor, perdón, oración
Dolor. Todo es dolor. Todo es sufrimiento. Todo es soledad que no aprende a saciarse de quien todo lo llena. Ya no sabes si te duele más el cuerpo que el alma. Cruz constante. Y de repente, se te aligera el peso. Quien sabe tus límites envía la ayuda que necesitas para no desplomarte del todo.
Te horrorizan tus pecados, aunque los de ahora hace unos años habrías considerado que eran poca cosa. Mas nada es poco cuando se ofende a Dios. Qué no darías por no pecar más, pero mientras tanto oyes aquello de "bástate mi gracia" y lavas tu inmundicia en el sacramento del perdón.
Debes rezar más. Debes sobre todo interceder por otros. Ya has visto cómo el Padre te escucha. Y ya has visto cómo se complace en que ruegues a sus santos para que le hablen de tus peticiones. Y qué no decir de la Madre de tu Señor y madre tuya. Busca su maternal abrazo, su celestial consuelo.
Dolor. Todo es dolor. Cruz constante. Todo es gracia. Todo es luz si abres los ojos, levantas la vista, dejas de lloriquear por lo que has dejado atrás y caminas hacia la meta, que es Cristo.

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