El mar sin olas
Silencio de palabras, que no de sentimientos, ni de temores, ni de leves esperanzas que apenas decoran la tristeza del alma herida y cansada.
Eres como río que pronto desemboca en un mar sin olas, sin mareas que cambien la monotonía de la quietud.
Los recuerdos son sombras en las que te cobijas del abrasador sol de la soledad, pero no son agua con la que calmar tu sed.
Miope de anhelos, sordo de deseos futuros, mudo de dolores, hueles la espina y no la rosa, tocas el clavo, no la madera de tu cruz.
Contemplas almas sin rumbo, empujadas al abismo por perversos siervos de las tinieblas, pero tu ira queda sin grito que dé testimonio.
Sueñas nuevas moradas prometidas, oteas el reflejo de la liturgia eterna y suplicas ser digno de tamaña grandeza.

Un abrazo, amigo. Te he leído por años con gran provecho y alguna vez hemos cruzado mensajes.
ResponderEliminarDesde Argentina,
Juan.