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Mostrando entradas de mayo, 2024

Calla, vive y cuando te toque, muere

Ay, ay, ay, Luis. Ni siquiera puedes rebelarte porque no tienes ni valor ni fuerzas. Y, para qué no decirlo, tampoco ganas. Pero al mismo tiempo has renunciado a entender. Ya no quieres saber ni por qué ni para qué. También has renunciado a esperar algo genuinamente bueno.  Es sangrante que te llegue la ilusión de que queda algo por delante que merece realmente la pena y tras un breve tiempo en que la esperanza reina en tu vida, te das de bruces contra la realidad. Y esa realidad es que solo te queda sentarte a esperar en soledad la muerte, que puede llegar pronto o dentro de treinta años. Eso ya da igual. Demasiado bien sabes que en lo que te queda de vida aparecerá de nuevo el dolor, la angustia, la impotencia, la desesperación por no poder hacer nada. ¿Cuándo no ha sido así? ¿Cuándo has tenido un solo lustro seguido de paz, de cierta alegría, de poder disfrutar de lo que acontece en este valle de lágrimas? Has llegado a la conclusión de que vives lo que te mereces, de que este e...

Ya hiede

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  Cuando algo muere, no cambia inmediatamente de aspecto. Durante cierto tiempo se mantiene igual por fuera aunque ya empieza por dentro la descomposición. Según pasan las horas, la muerte empieza a mostrar su verdadero rostro. Lo externo se deteriora y finalmente aparece el mal olor, el moho o los gusanos. Hay quien incluso entonces es capaz de comerse esa basura. La apostasía está hoy ya claramente agusanada. Apesta. Pero es solo la fase final. Tuvo un comienzo, donde la fe fue aniquilada. Luego la liturgia. Por último la moral. Muchos se asombran del mal olor que llena todo el aire espiritual que respiramos porque se negaban a ver y aceptar que el cuerpo estaba muerto. Muchos pretenden que el muerto está todavía vivo. Sí, las puertas del Hades no prevalecerán, pero hay que huir del Hades, de Satanás y sus ministros, esos que se disfrazan como ministros de justicia, esos falsos apóstoles que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Escuchemos la voz del Señor, no de los anticri...