Calla, vive y cuando te toque, muere
Ay, ay, ay, Luis. Ni siquiera puedes rebelarte porque no tienes ni valor ni fuerzas. Y, para qué no decirlo, tampoco ganas. Pero al mismo tiempo has renunciado a entender. Ya no quieres saber ni por qué ni para qué. También has renunciado a esperar algo genuinamente bueno. Es sangrante que te llegue la ilusión de que queda algo por delante que merece realmente la pena y tras un breve tiempo en que la esperanza reina en tu vida, te das de bruces contra la realidad. Y esa realidad es que solo te queda sentarte a esperar en soledad la muerte, que puede llegar pronto o dentro de treinta años. Eso ya da igual. Demasiado bien sabes que en lo que te queda de vida aparecerá de nuevo el dolor, la angustia, la impotencia, la desesperación por no poder hacer nada. ¿Cuándo no ha sido así? ¿Cuándo has tenido un solo lustro seguido de paz, de cierta alegría, de poder disfrutar de lo que acontece en este valle de lágrimas? Has llegado a la conclusión de que vives lo que te mereces, de que este e...