El grito silencioso
Escribir es para mí una especie de desahogo, un grito silencioso que llega a la mente del lector sin pasar por sus oídos. Es expresar lo que siento porque no tiene sentido hablar a la pared o a mi perra. En realidad no busco lectores, no deseo compasión, no necesito que el mundo sepa de mis angustias, temores, cruces, miedos, ni tampoco de mis alegrías y esperanzas, escasas y de corta duración. Me sé de arriba a abajo, de izquierda a derecha todo lo que la fe dice sobre cómo sobrellevar los tiempos de zozobra, de caminar, como dice el salmista, por el valle de sombra de muerte. Pero es un valle que me parece interminable y ya no me quedan apenas fuerzas para escalar esas montañas desde las que casi se puede tocar el cielo con los dedos. También sé que mis cruces y pruebas son la nada comparadas con las que sufren multitud de cristianos en todo el mundo. Pero no por eso dejan de doler, no por ello dejo de sangrar. Si miro atrás veo una vida que cabe calificar cuanto menos d...