No le caigo bien a la felicidad
Cuando estás pasando por momentos depresivos, a veces intentas buscar en la memoria aquellos tiempos en que fuiste más o menos feliz. Es bien jodido cuando encuentras muy pocos. Por ejemplo, de mi etapa como niño recuerdo momentos puntuales, pero no una temporada larga en la que se pudiera decir que era feliz. La enfermedad de mi madre -incluidos sus problemas psiquiátricos- lo llenaba casi todo. En todo caso, y a diferencia de mis tres hijos, no puedo decir que tuviera una infancia mala. Pero a partir de la muerte de mi padre, todo cambió. Yo tenía entonces 16 años. Estoy a punto de cumplir 56. Es decir, han pasado 40. De todos ellos, 30 han sido un infierno. Y de los otros 10, buenos, lo que se dice buenos, apenas tres. El de mi noviazgo fue el primero. Otro fue mi primer año como cristiano evangélico. Era una novedad radicalmente distinta, y luminosa, de lo que había vivido nunca antes. El año del proceso de regreso a la Iglesia Católica también fue sustancios...