Lo que queda de aquel niño
Dicen que hay una santa indiferencia pero hace tiempo que lo único que me resulta indiferente es mi muerte. Vivir para sufrir solo tiene sentido si ofreces tu sufrimiento en expiación penitencial por tus pecados y por los demás. De los muchos errores que he cometido en mi vida, los dos mayores son haber permitido que me cargaran culpas que no eran mías y no haber protegido a mis hijos como era necesario. La madurez y la poca sabiduría que tengo me llegaron demasiado tarde, pero peor sería que no me hubieran llegado. Siendo niño me preguntaba cómo sería de mayor. Siendo mayor me pregunto qué queda de aquel niño. Y queda mucho, lo esencial. Mi padre me hacía sentirme seguro, protegido, guiado. Su ausencia me dejó indefenso ante la vida, ante mis propias carencias. Echo de menos aquella niña de la que me quedé prendado con diez años mientras jugábamos en la playa. Aún recuerdo el dolor que me produjo cuando acabó aquel verano. Quiera Dios que haya podido ser f...