Pienso, luego escribo
Te paras a contemplar tu presente desértico y presientes que no queda oasis alguno antes de llegar a la orilla del océano de la eternidad. No estás solo, pero sólo te acompañan los recuerdos. Sabes cuál ha sido tu gran error, pero no existe máquina del tiempo que te permita evitarlo. La cruz, el sufrimiento y la prueba son tus compañeros inseparables de viaje. Desprecias tanto el pecado que no acabas de entender por qué todavía lo cometes. La esperanza es esa novia cuya mirada enciende tu corazón. Sus besos y sus abrazos te dan la vida. No es la primera vez ni la segunda que estás en tierra de nadie, pero ahora no hay un Jordán que atravesar, ni una Comarca a la que regresar ni un mundo mágico esperando dentro del armario. Lo mejor de hablar a Dios es que sabes que te escucha. Reconocer lo malo que hay en ti y detestarlo, es el primer e imprescindible paso para librarte de ello. El que va de víctima toda su vida hace que todos los que le rodean sean vícti...