Treintena a San José
¡Amado San José! Desde nuestra pequeñez y dolor y ansiedad, te contemplamos con emoción y alegría en el cielo, donde resides con los Bienaventurados, pero también como padre de los huérfanos en la tierra, alegría de los tristes, amparo de los desvalidos, gozo y amor de tus devotos ante el trono de Dios. Por eso nosotros, pobres, desvalidos, frágiles y necesitados, te dirigimos hoy y siempre nuestras tristezas y alegrías, nuestros ruegos y súplicas, nuestros arrepentimientos y nuestras esperanzas; y hoy especialmente traemos ante tu imagen un sufrimiento que consolar, un mal que remediar, una desgracia que impedir, una necesidad que resolver, una gracia que obtener para nosotros y para nuestros seres queridos. Y para animarte aún más a oírnos y obtenérnoslo, te lo pediremos durante estos treinta días, urgente y confiadamente, recordando los hitos que en tu vida marcaron tu fidelidad a toda prueba, y que son los motivos que tenemos para esperar que no demores en responder a nue...